El niño y el juego

Parecieran sinónimos... los niños, están hechos para jugar. Así, conocen el mundo y a las personas. Pero... ¿sabes cómo jugar un juego, de forma correcta, para que sea divertido?

El niño y el juego
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¿Sabes jugar un juego?

Niño y juego, son dos palabras que van de la mano, ya sea que las encontremos en un artículo o en una imagen que se nos venga a la cabeza pensando en cualquiera de las dos.

El juego es una parte integral de la vida, no sólo de los niños, pero es durante la niñez que cobra una mayor importancia. Es a través del juego que los niños empiezan a interactuar y conocer el mundo que los rodea, forman relaciones afectivas con otras personas y empiezan a entender el funcionamiento de la sociedad en la que se van a desenvolver.

El juego es tan necesario y natural en los niños que, incluso en zonas de guerra, los niños juegan. Es una actividad que cuerpo y mente demanda de ellos. Es tan importante para el desarrollo óptimo de un niño, que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, lo ha reconocido como un derecho.

El juego, no sólo permite al niño usar su cuerpo para liberar energía, sino también sirve para desarrollar muchas habilidades y entender reglas que de otro modo le sería difícil aterrizar. Los niños representan el mundo que ven a su alrededor a través de juegos de roles: la comidita, jugar a la mamá o al papá, ser doctor, construir, intercambiar y negociar. Y a medida que van dominando éstos juegos es como desarrollan nuevas competencias que los llevan a mejorar su confianza, su comunicación, a entender sus emociones y gustos, a resolver problemas, a relacionarse con los demás, y a conocerse más.

Jugar, parecería un acto natural del ser humano, porque lo hemos hecho toda la vida y es de las primeras actividades que hacemos mientras crecemos. Pero hay ciertos pasos que un juego debe cumplir para que, además de servir a un desarrollo, le sea atractivo a los niños. Hacer atractivo el juego a los niños, cobra aún más importancia hoy en día en el que, además de estar mucho tiempo encerrados en casa por la pandemia de Covid, competimos contra dispositivos electrónicos (televisiones, tablets, computadoras y teléfonos) que roban la atención a actividades más físicas e intelectuales. Los que hemos trabajado con niños, así como todos los padres del mundo, hemos comprobado que el decirle a un niño "suelta el teléfono y salte a jugar" es muy poco efectivo, y sólo surte efecto después de amenazar con castigar el mismo teléfono que estamos pidiendo que suelte.

Entonces, ¿qué pasos son los que un juego tiene que seguir para ser atractivo a un niño?

1. Tener un objetivo

Un juego sin objetivo, es como un balón sin aire.... podría servir para muchas cosas, pero no divierte.

Cuando el objetivo de un juego es claro, es mucho más fácil que un niño se pueda emocionar o sentir atraído hacia él. Por ejemplo: "a ver quién llega primero", "a que salto más alto", "a que grito más fuerte"... son frases que todos escuchamos alguna vez... y todos alguna vez jugamos con ellas.

Un objetivo claro y definido desde el inicio, es lo que hace que los juegos trasciendan y perduren. Ejemplos claros los tenemos en los eventos deportivos actuales, millones de personas alrededor del mundo pagan pequeñas fortunas por ir a ver como hay personas que juegan con una pelota tratando de meterla en un rectángulo, o corren en pistas para ver quién llega antes, o lanzan jabalinas para ver quien llega más lejos. Pero no sólo ellos, tenemos empresas contratando a personas para que resuelvan los problemas más difíciles, para que vendan más artículos, para hacer más seguros sus automóviles, etc.

El objetivo, es el primer acercamiento que tienen los niños a cómo funcionan las cosas en el mundo. Por eso, cuando juegan a ser doctor, o científica, o constructor, o piloto de carreras, o arqueóloga, lo juegan simulando que persiguen un objetivo. Por eso cuando jugamos a las escondidas, a las "trais", al teléfono descompuesto, etc, primero se explica cuál es el objetivo. Porque el objetivo es el primer incentivo para que los niños empiecen a asimilar la pregunta: "Y yo, ¿qué quiero, me gusta, o necesito hacer?"

2. Tener límites.

Los límites pueden ser físicos, numéricos o de tiempo. Los límites definen un área "segura" de juego. Establecen el lugar donde hay cosas que se permiten, o no, con el fin de cumplir el objetivo.

En las "trais" tenemos "la bas", donde estás "a salvo". En las escondidas tenemos lugares en los que no podemos escondernos porque están muy lejos, o son muy peligrosos. En el fútbol tenemos un límite de jugadores por equipo, para que la cancha no está muy llena ni muy vacía. Y en todos tenemos un tiempo en el que el juego se va a llevar a cabo.

Pareciera contrario a la lógica, pero los límites permiten que el juego sea más libre y creativo. Con los límites tenemos zonas de responsabilidad de las que estamos a cargo, por ejemplo: las porterías en el fútbol, el tablero en damas chinas, la diana en los dardos, etc.

En el mundo adulto, tenemos también límites que hacen que nuestra convivencia sea ordenada y agradable. Por ejemplo, cada quien limpia su cuarto, cada quien hace su tarea, cada quien estudia para su examen, cada quien recoge su ropa. Los límites ayudan a que los niños empiecen a hacerse responsables de su espacio y más aún, a empezarse a identificar con él.

3. Reglas claras

Nadie se toma las reglas más en serio, se enoja más si las rompes, y exige que todos los participantes las cumplan, que un niño jugando.

No son sólo berrinches sin sentido, o "cosas que pasan". Los niños, durante el juego, crean reglas ya sea en solitario, o con la ayuda de más participantes. Las reglas le ayudan a dar sentido a la actividad que están realizando, al esfuerzo que están poniendo, a las soluciones que están generando, y al ímpetu con el que se desempeñan.

"Si te tocan, ahora tú las trais", eso implica que ahora tu persigues a los demás, que no puedes tocar a los que estén en la "bas", que no puedes renunciar a tu posición hasta tocar a alguien más, y que todos te van a huir hasta que les toque a ellos. Todas estas implicaciones moldean la mente de los niños, no sólo para cumplir órdenes, sino para establecer reglas de convivencia. Por ejemplo: entre amigos no nos decimos mentiras, debo aprender a compartir con los demás, no maltrates los juguetes que no son tuyos, etc.

El mundo de un niño se construye con base en reglas simples, que puede seguir y que puede entender. El juego, es una gran herramienta para involucrarlo en la creación de reglas, por ejemplo: "Yo sé que te enojas mucho cuando no eres el portero, pero los demás también quieren ¿qué se te ocurre para que todos podamos ser portero del equipo en algún momento del juego, y no nos enojemos?". O en la casa, "Cada quién, tu hermano y tú, tienen que tender sus camas antes de poder salir a jugar. ¿Cómo se les ocurre que podrían hacerlo rápido y bien?".

Una vez que el niño, verbaliza y se compromete con una regla, es muy difícil que la rompa... y si tú te comprometiste junto con él, más te vale cumplirla.

4. Hacer "uno de prueba"

En ocasiones, no todos los niños tienen los conocimientos verbales para poder expresar sus ideas de forma clara y exacta, para que todos las entiendan. Hacer un juego de prueba ayuda a que las ideas se pongan en marcha, ver los errores y las áreas de oportunidad, detener todo, arreglarlas, y empezar de nuevo.

Éste método tan sencillo a la vista es uno que se utiliza, actualmente, en procesos de innovación, diseño de negocios, programación de software, ventas, implementación de políticas públicas y muchas cosas más.

Cuando los niños quieren empezar a jugar, la mejor forma de comprobar que todos entendieron lo que tienen que hacer, es hacer una prueba. En la prueba se aceptan ayudas de mayores, guía de aquellos que ya jugaron, explicación por parte de todo el equipo, etc. Una vez que el juego "real" esté en marcha, toda ayuda queda al margen porque ahora todos (en teoría) conocen lo que tienen que hacer.

Las pruebas quitan tensiones, permite experimentar, abre las puertas para mejoras, da la bienvenida a opiniones de los demás, y abre a discusión. Éste mecanismo, es parte fundamental de la formación de sociedades más complejas.

5. Detener el juego en el punto más intenso

Como mamá o papá, éste es un súper tip. Cuando los niños estén más gritones, más escandalosos, más... intensos, en ese momento, hay que parar el juego... ¿pooor?

Porque, haciendo esto tus hijos se van a quedar con ganas de volver a jugar, por lo que la motivación a que "dejen su celular y salgan" va a ser mucho más sencilla. Te da la oportunidad de usarlo en algún momento en el que no tengan nada que hacer y se te hayan acabado las ideas.

Fíjate cómo escribimos "intenso" en el título, y no "divertido". La intensidad de una actividad se puede entender como el ímpetu o energía que destina una persona a un fin. Detenernos cuando estamos en ese punto, nos permite no sólo descansar, sino liberar la mente para abrirnos a más cosas. Por ejemplo, un abogado que está muy concentrado en un caso, o un ingeniero que lleva tres días tratando de descubrir la falla en su circuito, si quieren regresar con más ímpetu, con ideas frescas, o sólo un poquito más relajados, necesitan detener lo que están haciendo... y si, para todo lo anterior, pero también para no terminar odiando al cliente, o aventando el circuito por la ventana.

Ponerle un alto a las actividades, también es parte del juego.

Estos son 5 tips que puedes tomar para hacer de un juego, algo divertido. Para motivar a tus hijos a "soltar ese teléfono" y ponerlos a hacer algo... y no sólo eso, ahora sabes cómo jugar para que el juego no sólo sea divertido, extenuante, y muy creativo, sino que también te sirva para que ayude a su desarrollo.